Asertividad: herramienta para el bienestar

La Asertividad es una habilidad social que nos permite expresar nuestras opiniones, ideas, necesidades y sentimientos, y defender nuestros derechos de forma consciente, clara, honesta y sincera, sin herir o perjudicar a nadie, respetando a los demás, pero, sobre todo, respetando nuestras propias necesidades.

Una habilidad muy necesaria para nuestro bienestar que es muy difícil de llevar a la práctica por la carga de nuestras heridas emocionales, de nuestros miedos e inseguridades… Pero cuando lo consigues… ¡Qué maravilla, oiga! Poder decir NO sin sentirme culpable, poder decirle a la otra persona cómo me he sentido cuando me ha tratado de la manera que lo ha hecho y establecer el límite para que no vuelva a hacerlo, pedir lo que necesito en cada momento sin temor ni vergüenza, respetar mis emociones y permitirme expresarlas…

Cuando conseguimos sanar nuestras heridas emocionales de la infancia conseguimos relacionarnos de manera asertiva ganando confianza en nosotr@s mism@s y aumentando nuestra autoestima y seguridad, reduciéndose la maldita culpa por sentir, por hacer, por ser… Se eliminan los juicios y las críticas basadas en ideas dañinas erróneamente aprendidas en nuestro desarrollo… ¡Es un trabajazo pero merece la pena!

Poder comunicarnos de manera asertiva va a mejorar nuestras relaciones y facilita la resolución de problemas. En distintas situaciones se nos plantea la necesidad de usar formas correctas de comunicación que nos ayuden a resolver los conflictos de manera adecuada. Una comunicación correcta debe cumplir 4 condiciones:

  1. Usar palabras y gestos adecuados
  2. Defender de manera adecuada los propios intereses
  3. Tener en cuenta los argumentos y los intereses del otro
  4. Encontrar soluciones de compromiso razonables para ambas partes

Sin embargo, no siempre se dan las cuatro. Existen 3 tipos de comunicación, 3 maneras en las que las personas tendemos a relacionarnos con los demás, que hacen más fácil o más difícil nuestro día a día: agresivo, pasivo y asertivo.

Las personas que se relacionan de manera agresiva o pasiva lo hacen desde sus Heridas Emocionales de la Infancia, desde las inseguridades y los miedos de su Yo Niñ@ insatisfech@, herid@ y vulnerable. Es necesario sanar nuestras heridas para poder relacionarnos de la mejor manera posible con nosotr@s mism@s, con los demás y con el mundo.

Estilo Agresivo

Las personas que utilizan esta manera de relacionerse utilizan la agresión física, verbal, gestual y psicológica: humillan, amenazan, insultan, ofenden, chantajean, manipulan, acosan, presionan, intimidan… Suelen ser hostiles, groseras y rencorosas y siempre tratan de quedar por encima de los demás, de una manera autoritaria. No admiten sus errores ni sus equivocaciones y desprecian cualquier opinión que no se parezca a la suya propia. Para estas personas, la culpa siempre la tienen los demás.

Estilo Pasivo

Las personas que se relacionan desde este estilo son sumisas, vergonzosas y tienen sentimientos de culpa a menudo. No son capaces de hacerse respetar, de defender sus derechos, sus necesidades, y se dejan manipular por los demás para evitar conflictos. En las relaciones se sitúan en un plano de inferioridad, sin atreverse a expresar sus sentimientos y opiniones.

Estilo Asertivo

Con el estilo Asertivo se evita humillar, degradar, manipular o fastidiar a los demás. La persona asertiva es capaz de hablar con fluidez y control, segura de sí misma y relajada. Dice lo que piensa y cómo se siente, defendiendo sus derechos y necesidades, y tiene en cuenta los derechos y las necesidades de los demás. Reconoce sus limitaciones y se responsabiliza de sus errores sin culpa.

¿Te identificas con alguno de los estilos? Probablemente, según la persona que tengas enfrente o la situación en la que estés, puedes utilizar un estilo u otro. No es lo mismo “discutir” con tu hermana que “discutir” con tu jefe… Pero lo ideal es poder ser asertiv@s en todas las situaciones y con todas las personas. Y ser asertiv@ implica decidir no ser asertiv@, es decir, que según las circunstancias, en esta ocasión decido ser “agresiv@” (por ejemplo, si gestionas un grupo grande de personas en el trabajo y en determinado momento necesitas mostrar autoridad) o pasiv@ (si la persona que tienes delante se muestra agresiva puedes optar por mostrarte pasiv@ hasta que se calme y puedas intentar hablar con ella de nuevo…).

Puede que te resulte muy difícil empezar a relacionarte de manera asertiva, pero se puede y ¡sienta muy bien! Es fundamental sanar las heridas que llevamos arrastrando desde nuestra infancia para ganar confianza y autoestima y, desde ahí, comenzar a practicar poco a poco esta maravillosa habilidad tan necesaria para nuestro bienestar y el bienestar de la sociedad.

Asertividad: herramienta para el bienestar

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